
Convivencia Escolar

Encargada de Convivencia 2026
A partir de la entrada en vigencia de la Ley N° 21.809 de Convivencia, Buen Trato y Bienestar de las Comunidades Educativas en julio de 2026, el rol tradicional de la Encargada de Convivencia Escolar evoluciona oficialmente al de Coordinadora de Convivencia Educativa, transformándose en un cargo estratégico, preventivo y de dedicación exclusiva en los establecimientos. [1, 2, 3]
Convivir: construir bienestar cada día
Convivir no es solo compartir un espacio; es aprender a compartir la vida. Es la forma en que nos hablamos, nos escuchamos y nos cuidamos unos a otros en lo cotidiano: en casa, en la escuela, en el trabajo o en el barrio. Cada gesto, por pequeño que parezca, suma o resta al bienestar común. Por eso, la convivencia se construye día a día, con decisiones sencillas pero profundas.
El respeto es la base: reconocer que la otra persona siente, piensa y sueña, aunque no piense como nosotros. En la familia, se expresa cuando escuchamos sin gritar, cuando pedimos las cosas con amabilidad o cuando aceptamos que cada quien tiene su propio ritmo. En la escuela, se ve cuando no nos burlamos de quien se equivoca y cuando cuidamos los espacios que todos usamos.
La empatía nos invita a ponernos en el lugar del otro. En el trabajo, aparece cuando entendemos que un compañero puede estar pasando un mal día y elegimos apoyar en lugar de criticar. En la comunidad, se nota cuando saludamos a los vecinos, cedemos el paso, respetamos el descanso de los demás o participamos en actividades que mejoran el entorno.
La tolerancia nos ayuda a convivir con la diversidad: de ideas, costumbres, creencias y formas de ser. No significa estar de acuerdo con todo, sino aceptar que nadie posee la verdad absoluta. Cuando en una reunión familiar escuchamos opiniones distintas sin descalificar, o cuando en el aula valoramos culturas diferentes, estamos practicando la tolerancia y ampliando nuestra mirada del mundo.
Nuestras acciones diarias, por simples que parezcan, tienen un impacto real. Un "buenos días", un "gracias" o un "¿en qué puedo ayudarte?" pueden cambiar el tono de la jornada de alguien. Del mismo modo, una crítica hiriente, un gesto de indiferencia o una falta de respeto pueden herir más de lo que imaginamos. Cada palabra y cada silencio construyen el clima en el que vivimos.
Convivir mejor empieza por uno mismo: revisar cómo hablamos, cómo reaccionamos cuando algo nos molesta, cómo manejamos los desacuerdos. Podemos elegir respirar antes de responder, preguntar en lugar de suponer, dialogar en vez de imponer. Son pequeños pasos que, repetidos, transforman la manera en que nos relacionamos.
Cuando practicamos el respeto, la empatía y la tolerancia, no solo mejoramos nuestra vida, sino también la de quienes nos rodean. La convivencia se convierte entonces en un círculo virtuoso: cuanto más cuidamos a los demás, más cuidado y apoyo recibimos. Así, entre todos, vamos creando hogares más cálidos, escuelas más seguras, trabajos más humanos y comunidades donde valga la pena vivir.
Consejos prácticos para una mejor convivencia
Practica la comunicación asertiva a diario
Antes de hablar, respira hondo y piensa qué quieres expresar. Usa frases en primera persona, como “yo siento” o “yo necesito”, en lugar de culpar o etiquetar. Sé claro, directo y respetuoso, evitando los gritos, el sarcasmo o las generalizaciones. Si algo te molesta, exprésalo pronto y con calma, sin acumular resentimiento. Recuerda que el objetivo no es ganar una discusión, sino encontrar una solución que cuide la relación.
Cuida el tono, el cuerpo y las palabras
No solo importa lo que dices, sino cómo lo dices. Mantén un tono de voz tranquilo, mira a la otra persona a los ojos y adopta una postura abierta, sin cruzar los brazos. Evita las interrupciones y las descalificaciones personales. Si notas que la tensión sube, propone una pausa breve para retomar la conversación más tarde. Un lenguaje amable y respetuoso crea un ambiente seguro donde todos se sienten escuchados.

Resuelve los conflictos de forma pacífica
Cuando surja un conflicto, céntrate en el problema y no en la persona. Escucha la versión del otro sin interrumpir y luego explica la tuya con serenidad. Busca puntos en común y genera opciones juntos, preguntando: “¿Qué podemos hacer para que esto funcione mejor para ambos?”. Acepta ceder en algunos aspectos y evita sacar temas del pasado. Cada desacuerdo es una oportunidad para aprender y fortalecer la convivencia.
Entrena la escucha activa y la cooperación
Demuestra que escuchas repitiendo con tus palabras lo que has entendido y preguntando si es correcto. Haz preguntas abiertas, como “¿cómo te sientes con esto?” o “¿qué necesitas de mí?”. Reconoce los esfuerzos de los demás y agradece los pequeños gestos. Propón tareas compartidas, acuerdos claros y revisiones periódicas para ver cómo se sienten todos. La cooperación se construye con actos cotidianos de respeto, apoyo y responsabilidad compartida.

